El Huichol: Wixárika, reconocidos por mantener una de las culturas nativas mexicanas más renuentes a las influencias foráneas

EL HUICHOL: WIXÁRIKA

1El huichol, llamado wixárika en su idioma, o huicholes, llamados wixaritari, han sido reconocidos por mantener una de las culturas nativas mexicanas más renuentes a las influencias forasteras. A diferencia de otros indígenas, no han permitido que los curas católicos digan la misa en las tres comunidades nucleares de la Sierra Huichol, a excepción del sábado de gloria en la comunidad de San Andrés Cohamiata. Solamente entonces, un cura ofrece un breve sacramento en la iglesia de esa cabecera, para dejar el edificio plenamente en manos de sus encargados nativos que el día siguiente ofrecerán toros a los cristos/vírgenes y santos del templo. Poco antes de fines del siglo XX, los huicholes solo permitieron la presencia de frailes y monjas en la misión/escuela-albergue de Santa Clara en la comunidad de San Andrés Cohamiata, o Tateikié. La presencia de misioneros protestantes ha sido más restringida debido a la oposición de los huicholes y del establecimiento católico en los estados vecinos. Los visitantes no son bienvenidos en el corazón de su territorio, especialmente si son forasteros que no tienen algún contacto personal con miembros destacados de la comunidad. Los que llegan con cámaras y otros tipos de máquinas se exponen a verlas confiscadas y, en casos de ofensa, algunos son castigados, amarrados en un cepo medieval introducido por los frailes franciscanos. Después del asesinato de Philip True, un reportero norteamericano, a fines de 1998 en la Sierra Madre Huichol, el gobierno mexicano inició un programa de ecoturismo con la comunidad de San Andrés para acostumbrarlos a recibir turistas en ciertas partes de dicha comunidad a principios de este siglo, a cambio de la venta de artesanías.

Un viaje con los Huicholes

Los misioneros franciscanos fundaron su primer asentamiento en la sierra huichol entre 1733 y 1737, en el centro ceremonial tradicional de la comunidad de Wautüa, San Sebastián Teponohuastlán; pero sus esfuerzos tanto allí como en las otras dos comunidades claves de la sierra se vieron constantemente frustrados, según los datos históricos1. En 2003 por última ocasión, los huicholes sintieron la necesidad de expulsar a varias familias por convertirse al protestantismo, o volverse ‘aleluyas’ en sus comunidades de Tateikié y de Santa Catarina Cuexcomatitlán, o Tuapurie. Estas tres comunidades son las comunidades nucleares de los huicholes de la Sierra Madre, y todas se encuentran en el municipio de Mezquitic, Jalisco.

El investigador y naturalista noruego, Carl S. Lumholtz, escribió que la palabra nativa para designar al huichol, wixárika, significaba adivino, para algunos, y curandero, para otros de sus informantes indígenas. Le parecía apropiado el significado de curandero, porque «la tercera parte de ellos parece dedicarse a ser doctores, y la fama de los huicholes curanderos se extiende lejos de su tierra. Muchos hacen viajes anuales, practicando su profesión entre las tribus vecinas, sobre todo los coras y los tepehuanos» que les reconocían ese talento, cuando los estudió entre 1895 y 1898.

Los huicholes siguen siendo respetados entre sus vecinos como curanderos y su conocimiento de plantas medicinales es vasto. Sin embargo, no todos ellos son chamanes o curanderos, como esta traducción implica. Los que tienen grandes conocimientos de plantas medicinales cuidan estos con mucho recelo, y no les gusta que se investiguen sus hierbas, como lo hemos comprobado en el campo. Al poco de los estudios hechos por Lumholtz, un etnógrafo francés, Léon Diguet concluyó que la palabra wixárika significa agricultor y proviene del idioma guachichil, antes hablado al norte de Durango. Los huicholes contemporáneos no me han confirmado que el significado de su nombre venga de estos términos.

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Según Yauxali, un chamán cantador contemporáneo, el nombre wixárika (o wixálika, con el sonido más suave de la ‘l’ significa ‘el que se viste en honor de nuestros antepasados’. Explicó que su propio nombre, viene de ‘xali‘ que es una prenda, y de ‘yau‘, padre, que es el Sol cuando es Nuestro Padre. Otros informantes explican que xali es el nombre de la pintura usada en las astas de las flechas votivas preparadas antes de las cacerías del venado para conseguir su sacrificio voluntario. Asimismo, la olla de barro tradicional en la que se sacrificó Nuestro Joven Padre Sol sobre las brasas de Nuestro Abuelo Fuego, antes de ascender al cielo para convertirse en un astro, se llama xari.

Durante sus fiestas rituales y sus peregrinaciones, los wixaritari (plural) pintan iconos sagrados sobre sus rostros y se cubren las cabezas, los bastones, los hombros y los sombreros con flechas, plumas, colas y flores, entre otras prendas. Sus trajes de algodón y de tela tejida están bordados con diseños que invocan la presencia de los que son como Nuestros Antepasados cristalizados sobre la tierra, o Takakauma.

Los wixaritari que viven en sus comunidades tradicionales dedican una gran parte del año a sus devociones, agradeciendo sacrificios pasados que siguen rindiendo frutos, para asegurar la abundancia y la armonía por venir. Con el paso del año, wi, y la llegada de las lluvias, witari, se rememora el sacrificio de Nuestros Antepasados en las ceremonias y las peregrinaciones de un grupo de comuneros que se postulan para moldarse en las brasas de Nuestro Abuelo, el Fuego, como lo hizo el sol en una olla de barro, xari, antes de trascender.

Los wixaritari se suelen reunir durante el apogeo de la temporada seca, en la primavera, para celebrar la roza y la quema de los coamiles en el campo; cuando se ha hecho una peregrinación a la Tierra del Amanecer también celebran el regreso de los peregrinos a sus diferentes centros ceremoniales, durante el Hikuri Teaxá, trayendo peyote del oriente para los próximos rituales. Luego cumplen el Baile del Peyote, Hikuri Neixa, para pedir las primeras aguas entre fines de mayo y principios de junio a Nuestra Madre Mensajera de la Lluvia. El cantador de las secas, ürükuame, dirige los rituales hasta el apogeo de esta ceremonia, o hasta la siguiente, cuando el cantador de las aguas, tukari mahana, asume el cargo. Entonces y particularmente en la fiesta anual de la siembra, Namawita Neixa, agradecen a Nuestra Bisabuela por cuidarles los mejores granos de Nuestra Madre el Maíz y por avisarles de la llegada del temporal de las aguas y del crecimiento. Cinco bailarines representando a las aguas enviadas de todas partes, nuariwámete, apagan la lumbre de una gran antorcha de ocotes amarrados con los pasos de sus bailes, marcados por el ritmo del tambor de tres patas, tepu. Luego dejan sacrificios de cuero de venado y sangre de toro, tamales y tortillas chicas en la parcela consagrada como un petate, itari, para el descanso de Nuestros Antepasados que velarán sobre la siembra, el crecimiento y la cosecha.

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Hacen otra cacería del venado a fines de agosto y celebran una fiesta importante, we’e, a mediados de septiembre, ofreciendo más sangre de toro por Nuestras Madres de la Lluvia, que vuelven a ser agradecidas en octubre cuando se hace el Baile de Nuestra Madre, Tatéi Neixa. El cantador de las aguas pormenoriza el viaje de Nuestros Antepasados del mundo formativo abajo, al sur o al poniente atrás, pasando por el norte y el centro, adelante al oriente, hasta el cielo arriba. Los niños menores también escuchan su canto, tocando sonajas al compás del tambor para luego comer los primeros granos del maíz maduro, después de sacrificar el toro a Nuestro Padre el sol también, pues completa la tarea de apartar las nubes y madurar los elotes.

Terminada la cosecha, se inicia un nuevo ciclo de peregrinaciones anuales a varios ojos de agua, cuevas y picachos dentro del territorio huichol y en un espacio mucho más amplio hacia las cuatro direcciones cardinales. Las peregrinaciones son acompañadas y seguidas por fiestas de reuniones y cacerías, así como actividades familiares o comunales. Bajo la orientación del cantador de las secas, que carga las flechas, los wixaritari vuelven a llevar a cabo de una manera colectiva las actividades rituales de los antepasados ejemplares (Nuestros Antepasados), cumpliendo ciertas peregrinaciones y el ciclo anual de ceremonias. Los miembros de unos veinte centros ceremoniales, tukite (plural), de las comunidades tradicionales son escogidos para prestar sus servicios.

Los encargados de un centro ceremonial, tukipa, son escogidos por cinco años entre miembros de una región de cada comunidad. Están vinculados al tukipa por la relativa proximidad de sus ranchos a este centro de reunión y por sus nexos de parentesco, así que forman un clan. Durante el ciclo de cinco años, cada jicarero/jicarera, xukuri’ükame, recibe el nombre de Nuestro Antepasado, cuya  jícara, xukuri, y flecha, ürü, se encarga de cuidar en un adoratorio particular del tukipa. Después de una fiesta importante, llevará las suyas al lugar que corresponda a su sitio sagrado en la geografía territorial y extraterritorial de su comunidad, una vez que hayan sido bañadas con la sangre de un animal sacrificado para renovar su poder. Durante las ceremonias, los encargados de las ofrendas viven en las casas de los antepasados que representan, o en sus adoratorios, xirikite.

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Entre todos los xukuri’ükamete reconstruyen el techo del tuki, el templo principal circular situado en el poniente del patio del centro, dedicado a Nuestro Abuelo (fuego) y a Nuestra Madre del Mar; le erigen dos nuevos troncos de madera, llamados haurieya, como velas tradicionales para sostener el cielo y también renuevan los techos de los demás xirikite, cada cinco años. Cada año todos los encargados del tukipa cultivan una porción del campo en conjunto, aunque no vayan al desierto más que tres veces durante el ciclo quinquenal. Los que tienen una aptitud religiosa se comprometerán por otro servicio de cinco años a su tukipa para lograr cinco o seis vueltas a los puntos del Oriente y del Poniente sagrados.

Los wixaritari siguen el camino de sus antepasados, al visitar los lugares donde aquellos dejaron sus rastros en forma de kakauyarixi, picachos, cuevas, desiertos y fuentes de agua. Como miembros de un tukipa, o como miembros de una ranchería, kiekari, tienen experiencias trascendentales allí. Después de peregrinaciones exitosas, estimulan la memoria en su propio corazón, iyari, y el significado de la vida espiritual de sus antepasados. Para ello, tienen que seguir ‘el costumbre’, yeiyari, o sea el camino.

El pigmento amarillo, uxa, simbólico de Nuestro Padre el sol, es conseguido por los peregrinos en sus viajes votivos a las puertas de la tierra del amanecer; a un lado del oasis de Tuimayau encuentran la planta que muelen para pintar su cara e instrumentos sagrados con su tinte. Están cerca de Wirikuta, donde Nuestros Antepasados dibujan sus rostros sobre las caras de los cazadores de Nuestro Hermano Mayor el Venadito del Sol, cuyo corazón se transforma en Nuestra Madre Peyote/Maíz. Los peyoteros dedicados, tanto de un centro ceremonial, como una ranchería, buscarán alcanzar este destino cuando menos cinco veces. Hacen un viaje de unos 500 kilómetros, tratando de caminar lo más posible a pie, a sabiendas que cuantos más días dure su ayuno de sal, agua, sexo y comida, además de vigilias, más puede significarles.

Cumplen otros viajes peregrinando al Poniente, atrás del cantador; el mundo de Nuestra Madre el Mar, Tatéi Haramara, donde las puertas del inframundo reciben a Nuestro Bisabuelo el sol Poniente, Tatutsí Sakaimuka, aparente en Nayarit. Como anota el profesor Gordon Brotherston, «La lógica del eje oriente-poniente, confirmada en los textos quiché y cachiquel por referencia explícita al amanecer tanto del sol y de Venus, han sido poco tomados en cuenta dentro de nuestros ensayos académicos, aunque era claramente percibida por los primeros europeos que llegaron a Mesoamérica, quienes situaron los mares de estas latitudes (Atlántico y Pacífico) norte y sur, arriba y abajo, como en el binario del cielo y del infierno cachiquel.»

Entre los wixaritari, Venus se llama Nuestro Hermano Mayor Joven Estrella, Tamatsi Xurawe Temai, y es el mensajero nocturno de una nueva vida fomentada por el renacimiento del sol.

El norte, utata, representa otra dirección importante; es la izquierda mirando hacia el oriente: tiene ojos de agua importantes cerca de una laguna sagrada, dominada por un gran picacho con un árbol del viento, kieri. Allí, en Hauxamanaka, están las fuentes de los caudales que nacen en el norte de la Sierra Madre, entre los estados de Durango y Zacatecas.

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Los wixaritari también hacen recorridos al sur, llamada la Laguna de Chalate, Xapawiyemetá. Este sitio está consagrado a la memoria del final del gran diluvio y de Nuestra Bisabuela del Crecimiento, Takutsi Nakawé, que fue identificada semánticamente por el cantador de la lluvia de un centro ceremonial de Tateikié como naka, oreja, y we de wekí, hueco/a: Nuestra Bisabuela que oye todo, porque fue el presagio del diluvio por venir en el mundo anterior subterráneo. Ella es la madre andrógina de los antepasados que se convierte en el fuego primordial, Naurú, cuando se cubre de una máscara masculina para hacer las veces de un chamán cantador.

Nuestra Bisabuela es el oráculo cuyos poderes están contenidos en la venerada planta psicotrópica, conocida como kieri por los wixaritari e identificada como ‘copa de oro’, o una especie de Solandra, por Colette Lilly en los 1970’s. Se han identificado varios sitios sagrados para Takutsi y para el kieri, a lo largo del tiempo y según diferentes grupos. Haciéndose eco de las primeras investigaciones de Carl Lumholtz, quien escribía que los wixaritari de su tiempo acudían al Lago de Magdalena, Nayarit, para visitar el sur, el arqueólogo Weigand indica que este lugar era históricamente una importante ruta de comercio entre Norteamérica y Mesoamérica, significativa para muchos huicholes anteriores. Muchos llevan hoy sus ofrendas al Lago de Chapala, en Jalisco, o al Lago Pátzcuaro, en Michoacán, y hay algunos que viajan hasta la ciudad de México.

La mayoría de los sitios rituales tradicionales están concentrados en la zona nuclear de Sierra Madre Occidental, donde viven los wixaritari. Esta región denominada el centro, Ixrüapa, es donde nace Nuestro Abuelo fuego en su cueva, dominada por el primer centro ceremonial de Nuestros Antepasados y su templo, en Teakata. Por ese rumbo están los cañones centrales y las fuentes sagradas de agua visitadas para conseguir fertilidad y lluvia. La tradición está simbolizada como un arbusto sagrado, Waiteuri, que liga este nivel de vida con una matriz subterránea y está conectada con la esfera celestial a través del polen de sus flores. La concepción ocurre en un espacio opaco donde su forma se modifica, como dentro de una jícara de calabaza en gestación hasta que brotan de ella semillas preñadas por el fuego, listas para germinar. A nuestro nivel físico, visto de la Sierra, Heriepa, y los cuatro puntos cardinales que la rodean, Nuestro Hermano Mayor el Vecino Viento dirige Nuestras Madres de la Lluvia, mientras que Nuestro Padre el Sol asciende para transformar las olas de Nuestra Madre el Mar en rocío y palabras. Así todos los seres se individualizan y se separan unos de otros. El tercer nivel celestial, Taheimá, aparece cuando el sol asciende y Nuestra Madre Joven Águila, Tatéi Werika Wimari, simboliza el cielo supervisando el amanecer de Nuestro Padre con una cabeza, y su ocaso con otra.

El rastro marcado por la vida de un anciano sabio, kawiteru, se compara con el camino de una oruga, kawi, que salió amorfa del mundo acuático en el oeste para arrastrarse sobre un largo camino que emprende hacia todos los puntos cardinales y establece sus miras en el centro. Conoce el camino en todo su detalle y a lo largo de años de peregrinaciones, se alza como una mariposa en el este cuando Nuestro Padre asciende y manifiesta su regreso en forma de un cristal de cuarzo, venerada en un adoratorio, xiriki. Los antiguos arquetipos de la mariposa y la serpiente emplumada en Mesoamérica están bien elaborados por el wixárika en sus cantos y su pictografía.

Unos cinco kawiterutsixi (plural) sirven esta función vitalicia dentro de un consejo de ancianos en cada comunidad nuclear. Son los que conocen a fondo el canto llamado kawitu, que suele durar toda la noche en el templo y puede ser seguido de otros por dos noches seguidas. Empezaron como los participantes más jóvenes en las ceremonias de la cosecha y de la siembra; sacudiendo sus sonajas todo el día frente al tambor, mientras que el chamán cantaba sobre el viaje de su alma en las nubes a los cuatro puntos cardinales, poniendo énfasis sobre su viaje del poniente al oriente, y bailando al compás de su ritmo. Eventualmente, un pequeño grupo de esos chicos crece para servir en las tareas de los centros ceremoniales donde llegan a desempeñar los cargos de cantador de las lluvias y de las secas, a veces en más de un tukipa. Normalmente los kawiterutsixi han servido a su comunidad anteriormente en cargos políticos sin retribución económica, como tatuani, o gobernador comunal y otros, por un año o más. Ya en el cargo de ancianos principales, indican quienes serán las nuevas autoridades de acuerdo con sus sueños consensuales.

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Desde su niñez los wixaritari aprenden a seguir el camino que lleva al oriente y a la visión trascendental, nierika, cumpliendo ayunos y vigilias para evitar distracciones. Los nuevos granos de maíz no son consumidos antes de celebrar el Baile de Nuestra Madre Maíz, en su honor y de ofrecerle la sangre del toro o del venado. Cuando está capacitado por su formación, el cazador de venados debe entregarse a vigilias en sitios sagrados durante largos periodos de abstinencia sexual y al uso de la sal; de tal modo, sacrifica al ciervo sagrado que ofrece su sangre por su propia voluntad o se inmola para el cazador. Nuestro Hermano Mayor Venadito del Sol, Tamatsi Kauyumari, el espíritu del venado en sus muchas formas, es el intermediario entre el wixárika y sus antepasados. En el este, se transforma en el cacto psicotrópico (Lophophora williamsii), Nuestra Madre Peyote, Tatéi Hikuri, flechada por los peregrinos cuando amanece en el desierto.

El propósito vital de cumplir estas metas es vincularse con Nuestros Antepasados para conseguir su merced, obteniendo así también la capacidad de percibirlos, llamada nierika. El último fin es lograr crear una presencia espiritual como un ejemplo para descendientes más o menos cercanos, manifestándose como ‘un antepasado’ después de la muerte y ocasionalmente ya antes, en casos de ser un  chamán sobresaliente, como un kawiteru. Las personas que mueren se enfrentan con un viaje al occidente del que se pueden sustraer siguiendo el vértice del sol al inframundo y reapareciendo como cristales de cuarzo con los rayos de Nuestro Creador (el sol). Muchos quedan sumidos en un mundo oscuro donde bailan hasta convertirse en polvo, según Guadalupe González Ríos7. Un gran chamán, como el kawiteru ya puede aparecer como cristal de cuarzo durante su vida; éstos y los cristales de los antepasados difuntos son recogidos por otros chamanes para ser envueltos en las astas de flechas emplumadas, cuidadas en adoratorios familiares.

Para el huichol, Nuestra Madre la Tierra Fértil, Tatéi Yurianaka, que alimenta los granos del maíz, calabaza, frijoles, amaranto y otras verduras, retorna después de la cosecha a los arroyos. Por ahí encuentra un camino a su morada occidental en el cerro blanco a un lado de la costa, para poder volver renovada de energía a los picachos de la sierra, entre los pinos espléndidos que no maduran hasta los 500 años, entre la gran variedad de encinos a menores elevaciones y entre los agaves de los bajos cañones. Según un informante cercano que es un kawiteru de Tuapurie, el significado semántico de Yurianaka es «Me alimento de mis venas», yuri, «para respirar», anaka. Esto indica que Nuestra Madre, Tatéi, es un ser autosuficiente.

Wixarika: De Yurata a Wirikuta (documental)

APUNTES SOBRE LAS COMUNIDADES:

Las comunidades huicholas se localizan en el norte de los estados de Jalisco y el este de Nayarit, flanqueadas por grandes extensiones volcánicas y cruzadas por los desfiladeros de la Sierra Madre Occidental, con los estados de Zacatecas y San Luis Potosí al este, y el de Durango al norte. Sus tierras comunales se estiman en un poco más de 4,150 Km² con unas partes en proceso de disputa.8 Las tres comunidades principales están administradas por el municipio de Mezquitic, Jalisco, y   fueron conquistadas nominalmente hacia 1650.9 Se llaman San Sebastián Teponohuastlán (Wautüa), Santa Catarina Cuexcomatitlán (Tuapurie) y San Andrés Cohamiata (Tateikié). Guadalupe Ocotán (Ratsisarie) es un anexo de San Andrés que fue políticamente subdividido, cuando Nayarit lo reclamó como parte de su territorio estatal, administrado por el municipio de La Yesca, en vez del de Jalisco en 1873. De manera semejante, se habla de Tuxpan de Bolaños (Tutxipa) como una comunidad anexa de San Sebastián, pero ha sido administrada por el municipio de Bolaños, desde su reconocimiento en 1885. Ambos anexos están mucho más integrados a la cultura mexicana, en el primer caso por la intervención de los misioneros católicos y en el segundo, por la empresa minera y recientemente por el mayor comercio extractivo de la sierra, empezando con su deforestación y una ruta de Jalisco a Nayarit.

El número de huicholes según el censo del gobierno, basado en un estudio del año 2000 por el Instituto Nacional de Geografía e Informática, indica una población de casi 44,000 habitantes, según lo divulga la Comisión Nacional para el Desarrollo de Pueblos Indígenas, presentado por Johannes Neurath, unos 5,700 no hablan su idioma y 7,500 no especificaban. Esto contrasta con el censo de 1990 que estimaba unos 20,000 habitantes de habla huichol, siendo 6,464 de las comunidades nucleares del municipio de Mezquitic10. Hay un patrón de emigración de las comunidades tradicionales, pero también existe uno selectivo de reintegración conforme con ciertos acuerdos comunales. Muchos huicholes viven en ranchos de Nayarit, o Durango, y otros están urbanizados.

Viaje Huichol

 

Cuentos Huicholes de la creación

 

Bibliografía:

Brotherston, Gordon. Book of the Fourth World: Reading the Native Americas Through Their Literature. Cambridge. Cambridge University Press, 1992.

Camberos Sánchez, Silviano. El Chamanismo y Las Raíces de La Terapeutica en La Medicina Tradicional de Los Huicholes. Guadalajara. Universidad de Guadalajara, 1990.

Casillas Romo, Armando. Nosología Mítica de un Pueblo: Medicina Tradicional Huichola; Guadalajara. Universidad de Guadalajara, 1990.

Diguet, Léon. «Idiome Huitchol-Contribution à l’étude des langues mexicaines.»

Extrait du Journal de la Société des Americanistes de Paris. Nouvelle série, tome VIII, 1911.

Lumholtz, Carl. El Arte Simbólico y decorativo de los huicholes. Instituto Nacional Indigenista (Artes y Tradiciones Populares, 3), 1986.

Negrín, Juan. Acercamiento histórico y subjetivo al huichol. Universidad de Guadalajara, 1985.

Beatriz Rojas. Los Huicholes en la Historia, 1993, p.71.

eatriz Rojas. Los Huicholes en la Historia, 1993.

Neurath, Johannes. Las fiestas de la Casa Grande. Guadalajara, Coedición: Conaculta

(Coordinación Nacional de Antropología y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología), Instituto Nacional de Antropología e Historia. Universidad de Guadalajara, 2002.

Rojas, Beatriz. Los Huicholes en la Historia. Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos. Colegio de Michoacán, Instituto Nacional Indigenista, 1993.

Fuente: http://wixarika.mediapark.net/sp/documents/ELHUICHOLWixarik.pdf


El verdadero significado del traje típico del pueblo Wixárika

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Editor Web del Bazar Artesanal. Fotógrafo, Diseñador Gráfico y Relaciones Públicas.

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